SANDRA MODREGO-ORTA

 

Sandra Modrego-Orta pinta como quien recuerda un instante perfecto: la luz temblorosa de una tarde de verano, el roce de un cuerpo querido, el silencio en una habitación donde alguien duerme. Su obra es un canto a la vida, pero no a la vida grandilocuente, sino a la que transcurre en los pequeños placeres, en el deleite de no hacer nada, en la intimidad de un gesto cotidiano. Sus figuras —siempre humanas, siempre cercanas— flotan en espacios de color, respirando en una composición donde cada tono se entrelaza con el siguiente, invitando a la contemplación y al disfrute.

Modrego-Orta, afincada en Barcelona, crea un universo donde las mujeres disfrutan de su existencia con absoluta libertad. Se abrazan, contemplan, sueñan. Beben vino, duermen profundamente o posan sin miedo al juicio. Su feminidad no es un enigma que deba resolverse, sino un territorio libre que se extiende sin límites.

La artista trabaja con una gráfica depurada, donde la forma se reduce a su esencia y el color se convierte en un lenguaje propio. No hay artificio, solo una búsqueda de lo esencial. Modrego juega con los colores, explorando su potencial expresivo y simbólico. En su serie "Sueños interrumpidos", captura el delicado equilibrio entre amor y renuncia, un homenaje a las madres que han aprendido a reinventar sus deseos en función del tiempo y de otros cuerpos que dependen de ellas. Porque en la obra de Modrego-Orta, el cuerpo es siempre un mapa, una memoria, una forma de habitar el mundo sin miedo.

Con sus obras, Modrego-Orta nos recuerda que el arte, como la vida, no necesita explicaciones grandiosas. Basta con sentir, con entregarse al momento. Y si es con una copa en la mano y la brisa entrando por la ventana, mejor.